21 de abril de 2012

El ídolo con pies de barro


Me hubiera gustado no tener que hacer esto nunca, porque quería que el blog solo estuviera dedicado a entradas de libros, pero, después de meditarlo en frío, he decidido que el libro de Marta Querol  se merecía una reseña normal, sin ningún tipo de opinión personal no relacionada con él.
Todos conocéis la expresión que he puesto como encabezamiento de esta entrada, pero a lo mejor muchos ignoráis el motivo de ella. Ayer sucedió algo en Twitter que no me dolió, como algunos han pensado, porque no hace daño quién quiere, sino quién puede; me indignó, por varios motivos:
-          Soy una lectora compulsiva, de más de 200 libros al año (a fecha de hoy, 21 de abril, ya he leído 77). No estoy presumiendo de ello, pero gracias a lectores con esta “patología”, el negocio editorial funciona. No solo hay que comprar el 23 de abril; el año tiene 364 días más (o 365), hay que hacerlo siempre, no cuando lo dice una fecha en el calendario y “toca”.
-          Casualmente, en ese momento, estaba leyendo un libro que acaban de editar y que compré en preventa. Fíjense hasta que extremo llega mi enfermedad.
-          La conversación que mantuve ayer por la mañana fue de lo más educada y procedía. Ustedes anunciaron las firmas en el Día del Libro y yo les pregunté si vendrían a Madrid. Me respondieron que no lo sabían todavía y aproveché para “suplicarles” que ampliaran su política de fichajes. Se prolongó, me siguieron respondiendo y voilà, cuando terminó el intercambio de tuits había perdido un seguidor. Y sí, era su sello digital. Y que nadie me cuente que son cosas de Twitter, porque sería demasiada coincidencia y yo estoy muy mayor para creérmelo. Eso, en mi pueblo, la “capital del sur” se llama hipocresía. A lo mejor en el suyo se llama “no me importa tu opinión”.  Y por eso pasamos al tercer punto.
-          Señores, sí que debían tener en cuenta mi opinión (y la de todos los lectores). En primer lugar, porque, como acabo de decir anteriormente, gracias a las personas que leemos asiduamente, el negocio sigue hacia adelante. Y en segundo, porque en mi casa hay más miles de  euros en libros de esa firma (pueden pinchar, por poner un ejemplo, en la pestaña de mi blog titulada “Adicta”: ahí aparecen dos escritores norteamericanos, un hombre y una mujer, que publican ustedes).
-          Enlazando con lo de lo de los libros que tengo aquí suyos. Siempre se me ha llenado la boca diciendo que eran la mejor editorial de España y cuando apareció su sello digital, añadí que eran los que estaban revolucionando el mercado con sus precios y con su apuesta por los nuevos talentos.
-          Y por ese motivo, les he hecho toda la propaganda habida y por haber: en mi muro de Facebook, retuiteando y, lo que es más importante, contándoselo a las personas de mi entorno y a muchísimas personas con las que me relaciono a lo largo del día gracias a mi trabajo.
-          Por si a ustedes se les ha olvidado, los libros, además de por un buen marketing, triunfan también por el boca a oreja. Y aunque sea un atrevimiento por mi parte, yo contribuyo a eso, porque infinidad de personas se fían de mí consejo a la hora de comprar o no un libro desde hace mucho tiempo, ni les cuento ya desde que me muevo en redes sociales y pertenezco a clubs de lectura.
-          Pero eso se ha terminado.  La próxima reseña es de un libro publicado por ustedes. Eso no me va a influir en absoluto a la hora de dar mi opinión sobre “Las guerras de Elena”, porque ustedes son los afortunados al contar con Marta Querol entre sus autores, no al revés. Eso sí. No volveré a poner en los datos técnicos, jamás,  el nombre de su editorial.
-          Por una sencilla razón. Ustedes me siguen desde casi el principio. Cuando hice la reseña de la que, a día de hoy, es la entrada más visitada de mi blog, su autor se la mandó a ustedes. Y desde entonces, hasta ayer, lo estaban haciendo. Es más, desde hace casi un mes, lo hace también la editorial grande.
-          Y yo no necesito que me sigan o lo dejen de hacer. Porque, afortunadamente, me gano la vida trabajando y no le debo nada a nadie. Todo lo que leo lo he pagado yo, ni me lo han enviado ustedes ni tampoco sus autores (esto lo explico por si alguien piensa lo contrario).
-          Si alguno de esos autores hubiera dejado de ser seguidor mío, me habría dolido. Lo suyo me indigna porque detesto las dobles caras. Lo que les pedía, que ampliaran su política de fichajes,  es algo que desea mucha gente. Hay infinidad de grandes escritores autoeditándose y si ustedes no les dan esa oportunidad difícil lo tienen. Ayer me estaba “partiendo la cara” por ellos (y lo voy a seguir haciendo), porque opino que somos los lectores quienes les tenemos que transmitir lo que queremos o no leer. Y ayer me demostraron lo equivocada que estaba.
-          Y por eso, señores míos, se me rompió un mito.  Ustedes eran mi editorial de referencia. Pero además de publicar buenas novelas de buenos escritores, tienen que saber relacionarse con los lectores. Y siento comunicarles que ayer no estuvieron a la altura del prestigio de su editorial.
Esta entrada va dedicada a todos estos autores noveles que, cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo, luchan por conseguir sus sueños y que una editorial les publique. Va por todos vosotros.
Sabéis que contáis conmigo, que os voy a seguir apoyando, que voy a seguir leyendo todos vuestros libros y que voy a hacer todo lo que esté en mi mano porque vuestros nombres aparezcan un día en la portada de un libro en papel; por eso el desplante de ayer me indignó, pero no como persona, sino porque me lo hicieron como lectora, y eso no lo voy a consentir.
Porque aunque el ídolo ha caído, mis ganas de pelear por lo que considero justo no solo siguen intactas, al contrario, han ido aumentando con el paso de las horas, y lo van a seguir haciendo.
Gracias.