28 de enero de 2012

Deseo concedido (Megan Maxwell)

Datos técnicos
Título: Deseo concedido
Autor: Megan Maxwell
Editorial: La Esfera de los Libros
Primera edición: Marzo de 2.010


Sinopsis
Acostumbrada a cuidar y velar por la seguridad de sus hermanos, Megan es una joven intrépida, de bello rostro moreno, a la que le divierten los retos y no le asusta el sonido del acero. 
Si algo tiene claro el guerrero Duncan McRae, es que su vida es la guerra. Acostumbrado a liderar ejércitos, y a que la gente agache atemorizada la cabeza a su paso, al llegar al castillo de Dunstaffnage para asistir a la boda de su amigo Axel McDougall, se encuentra con un tipo de enemigo muy distinto al que conoce: la joven e inquietante Megan. 
¿Conseguirían Megan y Duncan sobrevivir todos esos meses sin ahogarse? O por el contrario ¿la pasión les terminará consumiendo?
Autor
Megan Maxwell, nacida en Nuremberg, hija de española y norteamericano, es el seudónimo bajo el que escribe Carmen, una romántica empedernida nacida en Alemania, pero criada por su madre y su familia en Madrid.
Durante años trabajó como secretaria, hasta que, por causas del destino, un buen día decidió escribir novelas románticas, destacando entre ellas, además de la que nos ocupa, Te lo dije, Fue un beso tonto, Las ranas también se enamoran y Olvidé olvidarte.

Argumento
Megan Phillips, huérfana de padres, vive en Dunhart, junto a sus hermanos Shelma y Zac, en casa de sus tíos. Una noche, por causalidad, oye una conversación entre sus parientes, que hablan de la próxima boda de ella y de su hermana con dos hombres que no son de su agrado.
Y decide huir. Con ayuda de John de Locham, amigo de sus padres, se dirige a Escocia, donde vive su abuelo materno, Angus de Atholl, cuidador de caballos de los McDougall.
En la boda del heredero de este clan, Megan conoce a Duncan McRae y Shelma a Lolach McKenna,  y todos se dan cuenta de la atracción que ha surgido entre los cuatro.
Angus y Mauled deciden hacer de "celestinos" y con la excusa de que ellos son mayores, les piden a Duncan y a Lolach que cuiden de sus nietas en el hipotético caso de que a ellos les sucediera algo. Ellos dan su palabra y la palabra de un highlander es ley.


  • Lady Megan Philiphs no podía creer lo que estaba oyendo. Escondida tras la arcada de roble macizo escuchaba a su tía Margaret hablar con Bernard Le Cross, el obispo que tan poco le había gustado en vida, a su madre. - Ilustrísima. Es de extrema importancia que oficiéis las bodas aun sin las amonestaciones pertinentes -dijo Margaret con su atípica voz ronca. - Lady Margaret -asintió el obispo-, para mí será un placer ocuparme de esa doble boda. - Tengo que decir, en favor de los caballeros, que ambos conocen a las doncellas desde pequeñas y están satisfechos con la idea de desposarse con ellas y enseñarles los modales y la clase que les falta -rio con malicia-. Además, ya cuentan con veinte y dieciocho años.
  • Por ello no os voy a poner en ningún aprieto más. Aunque ¿me dais vuestra palabra de highlander para pediros un favor?
    - ¡Por supuesto! -asintió Duncan.
    - Nuestra palabra ya la tenéis -afirmó Lolach.
    - Si alguna vez nos pasara algo, ¡que Dios no lo quiera! -comenzó el anciano-, ¿querríais encargaros de encontrar unos buenos maridos para las muchachas?
    - Es importante -prosiguió Mauled sin darles tiempo a pensar- que los hombres que elijáis las cuiden, las valoren, las quieran y, sobre todo, no las peguen. Nunca me han gustado los hombres que se valen de su fuerza bruta para doblegar a una mujer.
    - Y, por supuesto, que las protejan, eso es indispensable -añadió Angus, y clavándoles la mirada preguntó-: Entonces, ¿podemos confiar en la palabra de highlander que nos habéis dado?
    Duncan y Lolach se miraron espantados por la jugada que aquellos dos ancianos les acababan de hacer. La palabra de un highlander era su ley. Si unhighlander prometía algo, lo hacía hasta sus últimas consecuencias. Y, a menos que se casaran con ellas, nunca estarían seguros de que todo aquello se cumpliera. Se miraron, sorprendidos por haberse dejado liar por esos viejos que bajo su apariencia de corderos ocultaban a dos lobos en toda regla. Sonriendo por su torpeza, miraron a los ancianos.
    - Sois unos viejos zorros -indicó Duncan-. Tenéis mi palabra de highlander.
    - Muy… muy zorros -asintió Lolach-. Por supuesto, mi palabra de highlander también, aunque ya os la habíamos dado antes de escuchar lo que queríais.



Opinión personal
Ya me había leído dos libros de la autora, Te lo dije y Las ranas también se enamoran, y me habían encantado, más el segundo que el primero. Me habían hablado muy bien de éste, pero he de reconocer que tenía muchísimos prejuicios: primero, Megan Maxwell me había gustado escribiendo chick-lit, ¿me gustaría escribiendo romántica medieval?; segundo, y más importante ¿una autora española escribiendo sobre highlanders? Imposible.
Y me equivoqué. Y me alegro. Porque la historia me ha vuelto loca: por el argumento, por lo bien escrita que está, por los diálogos chispeantes (muy de la Maxwell), por las fantásticas descripciones, tanto de los personajes como de los enclaves, por la perfecta ambientación de las guerras intestinas entre escoceses e ingleses durante el siglo XIV y porque me chiflan las historias de amor "ni contigo ni sin ti"...

Valoración: 8,5

Leído el 28 de Enero de 2.012
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