6 de enero de 2012

La viña vieja (Eligio R. Montero)

Datos técnicos
Título: La viña vieja
Autor: Eligio R. Montero
Editorial: Temas de Hoy. Colección: Th Novela.
Primera edición: Abril de 2.011

Sinopsis
 Es el año 2000 y en Lasiesta, un pueblo ficticio de la Rioja, acaban de sufrir una de las peores heladas de su historia, lo que ha afectado a la cosecha de los viñedos.
Miguel, el hijo predilecto de don Vicente Cortázar, un afamado bodeguero de la zona, regresa al hogar para comunicar a su padre la difícil decisión que ha tomado durante su estancia de estudios en Madrid: quiere empezar su propio negocio y para ello necesita el dinero de su participación en la empresa familiar.
 Don Vicente no está de acuerdo con el deseo de su hijo y siente como una traición el que su primogénito se quiera desentender del negocio familiar.
Tampoco ve con buenos ojos la relación que surge entre Miguel y Lucía Reverte, la hija del principal competidor de las Bodegas Cortázar, con el que mantiene una vieja y oscura enemistad.
El hallazgo del cadáver de un desconocido junto a la viña vieja de los Reverte, la que da la uva de mayor calidad y de la que salen los grandes reservas, y la decisión de otro de los cuatro principales bodegueros del pueblo de vender sus tierras obliga a Miguel, presionado por su padre, a cambiar sus planes y permanecer en la hacienda familiar.
A partir de ahí, la pasión, la ambición, la traición y el amor se entrelazarán en diferentes tramas que se resolverán con sorprendentes resultados.
La viña vieja es una novela trepidante en la que se conjugan los elementos clásicos de la novela policíaca, una historia de amor truncada y tormentosa y un mundo, el del vino, y un escenario, la Rioja, cargados de aroma, sabor y color. Una novela de la que disfrutar con todos los sentidos.


Autor
Eligio R. Montero, licenciado en psicología y titulado en imagen y sonido, ha escrito guiones para todo tipo de medios, aunque su campo principal han sido las series de televisión, como Hispania y Gran Reserva, de  la que La viña vieja es la precuela.


Argumento
El argumento de esta novela lo resume perfectamente el autor en el prólogo:

Unos ojos bien entrenados jamás confundirían una mancha de sangre con una de vino. Y no es que los de don Higinio Cruz no lo estuviesen. Al forense de Logroño le quedaban un par de meses para jubilarse y seguía presumiendo de tener la misma vista que cuando era joven. E igual que ocurre con lo de la sangre y el vino, tampoco esto era del todo cierto. Su vista era buena, sí, pero se fatigaba con frecuencia y, de vez en cuando, debía dejarla descansar cerrando los ojos o paseando la mirada, sin fijarla en nada en concreto, sobre las paredes blancas de la morgue.
El cuerpo que acababan de traerle tenía bastante sangre y, entre todas aquellas manchas, no supo diferenciar las que no eran como el caramelo, sino como dos tenues lágrimas de suave color rojo. No las vio o las vio y le pasaron desapercibidas. Manchas de sangre en medio de más manchas de sangre.
— Nos lo han traído de Lasiesta, de un sitio que le dicen la viña vieja, junto a Cuatro Esquinas. ¿Sabe dónde está Lasiesta, don Higinio?
— Sé dónde está Lasiesta.
El nuevo camillero era buen chaval, muy trabajador y con ganas de aprender, pero también era un poco pesado, y eso aún distraía más a don Higinio.
— No está muy lejos de Logroño — continuó diciendo el camillero— , aunque, si nos ponemos, nada en la Rioja está muy lejos de Logroño. Lasiesta no tiene apeadero para el tren, pero desde Haro hay un autocar que te deja en la plaza, y desde Logroño aún deben de pasar un par de líneas de bus. Mi novia tiene un hermano que… — Don Higinio supuso que la novia del chaval debía de tener una paciencia enorme; y también se preguntó, con cierto grado de espanto, qué le estaría contando ahora el camillero de haberle dicho que no sabía dónde estaba Lasiesta.
Sin hacerle mucho más caso, mientras consideraba su voz una especie de hilo musical de muy mal gusto, se puso a trabajar. Siguiendo rigurosamente el protocolo, como siempre había hecho, evaluó el sexo — hombre—  y la edad del desconocido — unos treinta años— , tomó muestras de sangre y de ADN, de las diferentes manchas de la sangre que le cubría y de los diminutos pellejos y restos de porquería que halló bajo las uñas y en las heridas — quizá entre ellas encontrarían restos de ADN del agresor— . Incluso revisó sus ropas, donde localizó un cartoncito húmedo y arrugado al fondo de uno de sus bolsillos. Lo desplegó con cuidado y vio el nombre que aparecía en él. Le sonaba y eso le hizo pensar, «Qué interesante…».
No llegó a expresarlo en voz alta. En cuanto acabase llamaría a la Ortega, la nueva agente al mando de la comisaría de Lasiesta, a quien conocía hace años.
Todo lo guardó en tubitos y bolsitas separadas y bien numeradas. Luego hizo fotos y tomó notas. Ya iba llegando el momento de lavar y afeitar el cadáver para examinar con más detalle las heridas y, por fin, abrirlo, momento en que el chaval le dejaría en paz.
Giró la llave del grifo y dejó que el chorro de agua golpease aquel cuerpo desnudo. Las dos pequeñas manchas de vino desaparecieron de la piel en medio de toda la sangre que, en hilillos rojos y negros, se dirigió hacia el sumidero para perderse en su interior.
De haberse dado cuenta de que aquellas dos pequeñas manchitas eran de vino y no de sangre, las habría mandado a analizar y habrían identificado sus componentes exactos. Lo habrían podido rastrear hasta su lugar de origen y determinar su procedencia. Así habrían llegado a saber con quién había estado ese desconocido, quién era exactamente y qué motivos lo habían llevado hasta Lasiesta.
Y muchas cosas que iban a ocurrir a lo largo del siguiente año no habrían pasado. No se habrían producido más muertes ni accidentes, no se habrían destruido propiedades ni puesto en peligro familias y fortunas enteras. Y Miguel Cortázar y Lucía Reverte, la verdadera mujer de su vida, quizá habrían acabado juntos para siempre, un destino tan escurridizo y elusivo que daba la impresión de no querer materializarse nunca.
Precisamente, mientras unos niños encontraban ese cadáver, él y ella se habían reencontrado después de tantos años que era como si se viesen por primera vez. Fue en una fiesta en la casa de los Cortázar, pero si en lugar de una fiesta aquello hubiera sido un casino y aquel primer cruce de miradas, por ejemplo, una mesa de dados, sin saberlo, entre parpadeo y parpadeo, habrían hecho una apuesta muy alta. Miguel, sobre el tapete, habría puesto su alma, y Lucía, su corazón. Nadie sabe con tan poco — una mirada—  que tanto va a estar en juego. Ni el papel que en ello pudieron desempeñar dos insignificantes gotas de vino sobre el cuerpo de un desconocido.
Don Higinio no las vio y, mientras se perdían por el sumidero, confundidas con la sangre, todos los dramáticos acontecimientos que tendrían lugar a lo largo de ese año se pusieron en marcha…

Opinión personal
Me vuelven loca las obras de sagas familiares, traiciones, venganzas y odios pretéritos. Me encanta la novela de intriga. Me fascinan las historias de amor tormentosas e imposibles. Esta novela tiene todos estos elementos pero, sin embargo, no me ha terminado de llegar.
El autor se pierde con tanta trama y los personajes parecen de cartón piedra. Solo se salva la descripción del mundo de la viticultura:  el vino es el verdadero protagonista del libro (por algo su autor es un reputado guionista televisivo). No me ha transmitido ninguna emoción. Es demasiado lento y no nos engancha como debería haberlo hecho.
Únicamente deseaba terminar el libro para saber quién era el asesino y cuales eran los motivos que le habían llevado a cometer el crimen.
Si no tienes muchos libros pendientes, pasarás un buen rato, pero nada más. Conocerás el mundo del vino y sus entresijos, y poco o nada más te aportará.


Valoración: 6,5

Leído el 10 de Enero de 2.012
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