25 de enero de 2012

Palabras envenenadas (Maite Carranza)

Datos técnicos
Título: Palabras envenenadas (Paraules emmetzinades)
Autor: Maite Carranza
Editorial: EDEBÉ
Primera edición: Octubre de 2.011

Sinopsis
Palabras envenenadas es una crónica de un día trepidante, vivido a contrarreloj y protagonizado por tres personas cercanas a Bárbara Molina, desaparecida misteriosa y violentamente cuando tenía quince años. 
Un enigma que, después de cuatro años sin resolverse, va a verse sacudido por nuevas claves. A veces, la verdad permanece oculta en la oscuridad y sólo se ilumina al abrir una ventana. 
Una historia de mentiras, secretos, engaños y falsas apariencias que pone el dedo en la llaga sobre mitos incuestionables. Un relato apasionante que disecciona la hipocresía de la sociedad española moderna. 
Una denuncia valiente de los abusos sexuales en la infancia, sus devastadoras consecuencias y su invisibilidad en este acomodado mundo nuestro.


Autor
Maite Carranza, nacida en Barcelona en 1.958, licenciada en antropología, publicó su primera novela juvenil en 1.986. Desde 1992 se dedica a la escritura de guiones y novelas e imparte cursos de guión en la Universidad Autónoma de Barcelona y en la escuela Taller de Guionistas.
En el año 2004 publicó la primera entrega de la exitosa trilogía para jóvenes La guerra de las brujas, que incluye El clan de la loba, El desierto de hielo y La maldición de Odi.
El caso de la chica austríaca secuestrada por un hombre durante ocho años en un zulo, fue su estímulo para escribir esta novela.

Argumento
Como la sinopsis oficial hace un buen resumen del argumento de la novela, me limitaré a transcribir algunos párrafos fundamentales del libro y en los que conocemos la historia completa de Bárbara, cuando Lozano se la cuenta a Sureda, el maltrato físico y psicológico a que está sometida por su captor, y, sobre todo, los secretos que escondieron todos cuando se produjo el hecho:

  • Una joven de tan sólo quince años desaparecida. Sureda hace un gesto afirmativo con la cabeza. He mantenido el contacto con los padres, sobre todo con el padre, que es quien tiene la cabeza en su sitio. Era un caso sencillo, al principio. Una chica que huye de casa con quince años, deja una nota explicando que se va lejos y que no la busquen, y se lleva una tarjeta de crédito de la madre. Al cabo de dos días se la localiza en Bilbao, donde tiene unos tíos. Y, efectivamente, se encuentran testigos conforme ha estado buscando a los tíos, que estaban de vacaciones. Pero, sorprendentemente, todo se invierte. Cuando los efectivos de la Ertzaintza y su propio padre la buscaban por Bilbao, Bárbara hace una llamada desesperada a su casa desde una cabina de Lérida, en plena madrugada. En la cabina se encuentran señales inequívocas de violencia, sangre de la víctima, y su bolso abandonado. Un testigo recuerda haber visto a una mujer joven arrastrada por una figura masculina, pero era de madrugada, había niebla y nunca pudo concretar detalles. En ese momento el caso adquirió unas dimensiones trágicas con dos sospechosos consecutivos y muchos indicios. Trabajamos duramente, registramos muchas zonas, peinamos descampados y vertederos y tuvimos en jaque a toda Cataluña. Dedicamos mucho tiempo y muchos esfuerzos pero no fuimos capaces de encontrar nada consistente y definitivo. Hasta que los sospechosos dejaron de serlo por falta de pruebas y el juez archivó las instrucciones. Nunca más se supo nada.
  • Se siente responsable de su caso, se dice mientras espera que le abran, de la pesadilla que un día los sorprendió a traición y que les ha ido robando las ganas de vivir. Apenas les quedan. Son enfermos terminales que ya no cuentan los días. Y aun así, a veces, percibe en el fondo de su mirada una chispa de esperanza dispuesta a prender con cualquier pista. Esperan un milagro, un cuerpo.
  • No hay nada peor que convivir con la incertidumbre, se lamenta. Los vivos entierran a los muertos y los lloran. Les llevan flores al nicho y los visitan por Todos los Santos. Pero ella no sabe si Bárbara está viva o muerta. No sabe si debe llorarla y pasar el trance del luto o si debe mantener viva la llama de la esperanza. Y esa duda, este ir y venir constante, la ha ido carcomiendo.
  • No se lo digas a papá, por favor, por favor. Se enfadará. Complicidades engañosas que empezaron escondiendo notas de los profesores, salidas con las amigas y ropa chillona. Cosas sin demasiada importancia, al principio, pequeñas mentiras que fueron creciendo con los años. Como Bárbara.Al cumplir los quince, Bárbara llevaba una doble vida amparada por sus coartadas. Y entonces los secretos se fueron haciendo más y más difíciles de guardar.
  • Aunque saliera de aquí no los podría mirar a la cara. Sería incapaz de abrazarlos y besarlos. No tendría valor para decirles que los quiero. El me ha repetido una y mil veces que no me perdonarían, que me echarían de su lado, que si supieran todo lo que ha sucedido preferirían que hubiera muerto. Ya no tengo familia ni la tendré nunca. Si supieran quién soy y lo que he hecho se avergonzarían de mí y me darían la espalda.
  • Tengo miedo, tengo mucho miedo. Vuelvo a sentir miedo y me he escondido bajo la cama, encogida, recordando el pánico que me producía oír sus pasos, temiendo sus ataques de ira y sus castigos inhumanos. Cuando me privaba de la comida sufría calambres y pinchazos en el estómago, no sabía si de hambre o de angustia. Pero entonces, todavía deseaba huir a toda costa y no me daba por vencida. Traté de escapar una y otra vez. Los ojos se me iban detrás de todas las rendijas y a la primera de cambio me daba media vuelta y apretaba a correr, pero él me pillaba siempre y me castigaba, sin testigos, sin límites, sin medida. Con toda la impunidad, como si yo fuera la rata. Sin embargo se detenía antes de matarme, cuando yo ya no tenía fuerzas para resistirme. Entonces se volvía cariñoso. Le gustaba disponer de mi vida, como un dios caprichoso, perdonármela y devolvérmela poco a poco. Administrarme la salud, el afecto y la comida y retirármelo todo de golpe, cuando le salía de las narices. A veces decidía no hablarme durante semanas. Un buen día no me dirigía la palabra y yo no sabía por qué. Me rompía la cabeza pensando qué había hecho, en qué podía haberlo ofendido y se lo preguntaba, pero él me maltrataba con su silencio, mucho más agresivo que los golpes.
  • Demasiadas cosas. Demasiadas cosas para ser su último día de trabajo. Debe de ser un síndrome no explicitado. Se podría llamar Tempus Fugit, por ejemplo. Ha vivido en la oscuridad más absoluta durante cuatro años y ahora, de repente, la luz se filtra por todas las rendijas.

Opinión personal
Utilizando la narración múltiple, la autora nos cuenta, en primera persona, la historia de la protagonista de la obra, Bárbara Molina, y en tercera, la del resto de los personajes de la trama. Este contraste de perspectivas agiliza enormemente el relato.
La división del texto en capítulos, en cada uno de los cuales se desarrolla una situación diferente, así como la alternancia de las historias de distintos protagonistas en cada uno de esos capítulos, aumenta el dramatismo de la obra.
A pesar de la inexistencia de diálogos (todos los capítulos son monólogos interiores), el libro no pierde ni un ápice de intensidad.
En cuanto a los mencionados personajes, Maite Carranza se preocupa más del retrato psicológico que del físico: un padre autoritario, una madre permisiva y débil, una amiga acomplejada, un exnovio inmaduro, un profesor problemático y un policía obsesionado con descubrir a toda costa la verdad.
El libro transcurre en unas pocas horas, las que le quedan al subinspector Lozano para jubilarse. En la primera página, el lector descubre que Bárbara está viva y que su secuestrador la tiene encerrada en un zulo. Llama a su captor Él, pero hasta que no llevamos más de 2/3 del libro no nos desvela su identidad, cuando nosotros ya la sabemos.
Durante ese corto período, el tiempo de los diferentes capítulos no es siempre lineal, ya que muchos se superponen unos a otros temporalmente: lo que hacen Bárbara, Nuria, Eva y Lozano en espacios diferentes pero en el mismo momento, hasta que todos ellos coinciden en las últimas páginas.
A pesar de que en infinidad de sitios viene etiquetado como de literatura juvenil, es un libro para adultos, por la crudeza del tema tratado, aunque la autora lo aborda de una manera exquisita, sin la morbosidad a la que estamos acostumbrados. Casualmente lo he leído el mismo día en que se cumplían tres años de la terrible desaparición y muerte de Marta del Castillo, por lo cual estaba más impresionable y sensible a una historia de este tipo.
Al principio pensé que iba a ser un libro con un argumento similar (chica desaparecida y cadáver no encontrado), pero nada más lejos de la realidad. En este caso, afortunadamente, la protagonista está viva, únicamente tenemos que descubrir quién la mantiene encerrada y cuáles fueron los motivos que la llevaron a esta situación.
Palabras envenenadas, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil 2.011, nos engancha desde la primera página, en el mismo momento que deducimos que Bárbara no está muerta y que alguien la tiene retenida contra su voluntad. Por otro lado, las investigaciones del subinspector, que no quiere jubilarse con la espinita de ese caso sin resolver, empiezan a dar sus frutos.
La narración nos va absorbiendo poco a poco, conforme vamos descubriendo pistas y más pistas: después de cuatro años, los acontecimientos se precipitan, y en solo unas horas descubrimos toda la verdad. Con una llamada a sus padres pidiendo ayuda se inicia la historia años atrás, y con otra en la actualidad pidiendo auxilio a una amiga, la trama da un giro insospechado.
Una verdad que nos deja con el corazón en un puño cuando la conocemos. Extraordinario el modo en que nos enteramos de quién es la persona que mantiene a Bárbara retenida.
Una novela muy recomendable, y aunque no puedo decir que me ha dejado un buen sabor de boca por la dureza del argumento, sí que me ha tenido fascinada hasta que la he terminado.


Valoración: 8,5.

Leído el 25 de Enero de 2.012