14 de febrero de 2012

La química de la muerte (Simon Beckett)

Datos técnicos
Título: La química de la muerte (The Chemistry of Death)
Autor: Simon Beckett
Editorial: Mondadori. Colección: Roja&negra
Primera edición: Julio de 2.009


Sinopsis
David Hunter es un antropólogo forense experto en la descomposición de los cadáveres. Tras una tragedia que destrozó su vida, decide abandonar su prometedora carrera y refugiarse en Manham, un pueblo aislado en las ciénagas del condado de Norfolk, en Inglaterra. 
Su vida transcurre sin sobresaltos como médico de cabecera, hasta que en un bosque cercano unos niños hacen un macabro hallazgo: un cadáver en avanzado estado de descomposición con unas alas de cisne intactas pegadas a la espalda. 
Cuando la policía local, desbordada por los hechos, le pide ayuda para resolver el caso, David tiene que enfrentarse a sus fantasmas personales y a la suspicacia de la gente del pueblo. 
Entretanto, una ola de terror e histeria, hábilmente orquestada por el cura, recorre Manham. Es entonces cuando desaparece otra mujer y David no tiene más remedio que ponerse a trabajar a contrarreloj para averiguar quién es el asesino y si existe salvación posible para su siguiente víctima.
Autor
Simon Beckett, escritor y periodista, nació en 1.968 en Sheffield (Inglaterra). Licenciado en filología inglesa, durante un tiempo fue profesor en España, además de ercusionista en diversas bandas musicales, antes de dar inicio a su carrera como periodista freelance. Ha publicado su trabajo en medios como The Times, The Independent on Sunday Review, The Daily Telegraph y The Observer.
Publicó su primera obra, Fine line en 1.994. En 2.006, con la publicación de La química de la muerte (novela finalista del Duncan Lawrie Dagger Award) obtuvo un éxito que superó todas las expectativas.
Posteriormente se han publicado en España dos libros más dedicados a la serie David Hunter:  Entre las cenizas y El susurro de los muertos.


Argumento
David Hunter lleva tres años viviendo en Manham, un pueblo de Norfolk. Había abandonado Londres para olvidar su trágico pasado (la pérdida de su mujer y su hija en un accidente de coche) y su trabajo como antropólogo forense.
En este pueblecito aislado vive dedicado a la medicina general, hasta que unos adolescentes descubren, entre los marjales, el cadáver de una mujer. David, apenas sin darse cuenta, se involucra en el caso, cuando el inspector Mackenzie, encargado de la investigación, le pide ayuda.
Cuando a los pocos días es secuestrada otra mujer, el pueblo entra en una especie de paranoia colectiva, alentada por el párroco rural, Scarsdale, que exalta los ánimos de los vecinos en lugar de calmarlos.
¿Conseguirán David  y Mackenzie descubrir quién se esconde detrás de una mente tan enferma?

  • Tal vez lo que ocurría era que, hasta la semana anterior, la única particularidad de Manham había sido su aislamiento, y ahora registraba dos asesinatos, uno reciente y otro antiguo, y una mujer desaparecida. Costaba no pensar que había gato encerrado. Como el pueblo hubiera decidido sacar sus secretos a la luz, a saber qué más podríamos encontrar.
  • Había sido otro David Hunter el que se había adentrado en los arcanos de la química de la muerte, el que había asistido al producto final de la combinación entre violencia, casualidad y naturaleza. Mi oficio consistía en mirar cráneos preciándome de saber cosas cuya existencia conocían tan sólo unas pocas personas. Lo que le ocurría al cuerpo humano cuando la vida lo había abandonado no tenía misterios para mí. Estaba familiarizado con la descomposición en todas sus formas, podía analizar su progresión en relación con el tiempo, el suelo o la época del año. Un oficio macabro, sí, pero necesario. Me complacía como un mago averiguando cuándo, cómo y quién. En ningún momento olvidaba que habían sido personas, pero para mí eso sólo tenía un valor abstracto. Mi trato con ellos tenía lugar en la muerte, no en la vida.
  • El cuerpo estaba desnudo y boca abajo, los brazos extendidos por encima de la cabeza como si se dispusiera a zambullirse en la alta hierba del marjal. Por las fotografías se hacía imposible determinar el sexo. La piel morena colgaba como cuero mal cosido, pero no fue eso lo que me llamó la atención. Sam tenía razón. Había dicho que el cuerpo tenía alas, y así era. La espalda presentaba dos profundos cortes a lado y lado de la columna vertebral. En los cortes habían sido clavadas unas alas blancas de cisne que conferían al cuerpo aspecto de un ángel caído y putrefacto.


Opinión personal
A pesar de que me habían recomendado muchas veces los libros de Beckett, no me decidía a ponerme con ellos, porque yo ya tenía a mi forense favorita, Scarpetta, y pensaba que nadie podía hacerle sombra.
Pero sí. David Hunter la ha superado, por una sencilla razón: en este libro no hay tanta terminología médica como en los de Cornwell, que muchas veces hacen que me pierda en un mar de palabras que para mí no tienen ningún sentido.
Vamos al libro en sí. La mayoría de los capítulos están escritos en primera persona: es nuestro protagonista quién nos cuenta los hechos. El autor se recrea más en la descripción de paisajes,  ambientes y escenas  (podemos, mientras vamos leyendo,  sentir claramente el zumbido de las moscas y el olor de la putrefacción, por ejemplo), más que en la de los personajes, a los que conocemos a través de los diálogos intercalados en el relato. Esta mezcla de narración y diálogo ameniza la trama, ya de por si trepidante.
Unos pocos capítulos están contados en tercera persona, con un narrador omnisciente, y en ellos vivimos el sufrimiento de las víctimas. Este cambio de escenas y de narrador produce mayor tensión y dramatismo en la novela.
Por otro lado, finaliza algunos capítulos adelantándonos acontecimentos futuros, lo que nos provoca aún más angustia, porque sabemos lo que va a suceder, pero no podemos hacer nada para evitarlo: somos unos espectadores pasivos.
La tensión en el libro va in crescendo conforme vamos avanzando páginas. Al principio, es como si Beckett quisiera darnos una tregua, poniéndonos en antecedentes de como es el pueblo, sus habitantes  y de como se desarrolla la vida en él. Pero poco a poco el libro se vuelve cada vez más y más angustioso, hasta que, cuando queda aproximadamente un cuarto de lectura, ya no podemos parar de leer, porque en ese momento el autor empieza a dar un golpe de efecto tras otro, y cuando creemos que ya está todo decidido, pasa algo nuevo que nos vuelve a encoger el corazón.
El desenlace es sorprendente por lo inesperado y, además, imprecedible e imprevisible.

Valoración: 8,5


Leído el 14 de Febrero de 2.012

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